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Despertar

“Estoy despierto, no hay duda. Pero no puedo hablar, de hecho, no me puedo mover... debo estar todavía bajo el efecto de alguna droga. Sí, veo muy borroso, seguramente me sedaron. Después de todo, la operación no era como quitar un lunar o algo así.

¿Quién lo fuera a decir?: sucedió. Salí de entre los muertos, ¡estoy vivo! ¡Gracias Dios! ¡Gracias a la ciencia! Vieja, ¡si estuvieras conmigo!... pero no, preferiste quedarte con tu corta vida; no estabas preparada para esto. Te lo dije tantas veces... Siempre fuimos tan diferentes, y ahora, nuestras diferencias han llegado a su máxima expresión: yo estoy, y tú no.

Si no la eternidad, al menos viviré mucho más... y tendré tiempo para empezar un estilo de vida y luego otro. Primero seré médico. Ya no tengo la excusa de la edad correcta para empezar y de haberme dedicado siempre al comercio. ¡Lo que yo quiera!, y no importa el tiempo que me tome. Y cuando me aburra de curar gente, podría intentar introducirme al tejemaneje de las leyes, ¿porqué no?, sería un excelente abogado. Y después de eso, me ocuparía escribiendo mis memorias, que para entonces serán muchas y muy vendibles.

Tienes razón, puede que me sienta solo; aunque, será sólo al principio. Como debiste suponer, tarde o temprano tendré que rehacer mi vida con alguien, y lo peor de todo —para ti, porque no para mí—, es que necesariamente será mucho más joven que nosotros, lo cual debiste haber previsto, ¿no es así? De todas maneras, sé que mi felicidad es lo que más te importaría.”

“Conservo mis recuerdos, entonces, soy yo mismo, por supuesto... bien que tengo mi alma conmigo. Tú y tus ideas, ¿cómo iba a perderla? Vieja... si me hubieras escuchado... Que eso sólo Dios lo puede hacer, que te quedarás sin alma, que es demasiado dinero lo que cobran... Miedos. Por tus miedos ya no existes. ¿Dónde estarás? ¿En el cielo? Yo no estuve ahí, eso sí te lo puedo decir. Ni siquiera vi el famoso túnel con la luz al fondo... Quizá Dios sabía que yo no había llegado a mi última parada, sino que esperaba al siguiente camión; o tal vez no vi túnel porque ¿nunca ha habido tal? y entonces el cielo es un mito y el único paraíso era el terrenal, que por ignorancia nadie lo aprovechó... excepto yo, y otros pocos, por supuesto.

Supongo que me quedé aquí mismo, y mi conciencia simplemente permaneció en estado suspendido, y cuando me descongelaron (estuve más helado que un iceberg por quién sabe cuánto tiempo), reinicié como las computadoras, ¿no? Sí. Mi teoría es que no somos más que ordenadores, pero con neuronas en lugar de chips.

Bien dijo el doctor que la nanotecnología tarde o temprano podría reestablecer células dañadas. Y ahora, ¡increíble!, aquí estoy de nuevo; el avance de la ciencia no se detuvo. Excelente.”


“A pesar de los pesares, y por haber sido más valiente que tú, existo, y qué crees, ¡con un nuevo cuerpo! Ahora lo más seguro es que me pidan que dé conferencias sobre crionismo y quién sabe qué más oportunidades me irán saliendo. Fíjate, aunque no quiera, seré una celebridad; todo el mundo querrá preguntarme cosas de mi vida presente y del pasado. Y tu nombre también será mencionado en los medios y quedarás en la historia como la esposa de Orlando. ¡¿Qué te parece?!

Te extraño..., con o sin compañía, te extrañaré mucho.”

“Esos deben ser doctores, o al menos eso parecen... No me atienden, qué raro... tal vez esperan a que baje el efecto de la droga. Platican... mueven los labios, pero no oigo nada... es como si me encontrara en el fondo del mar, hasta mis pensamientos resuenan en este silencio absoluto. ¡Caray! ¿Será sólo un sueño? No. Estoy despierto, no hay duda. Espero que no sea una secuela del daño celular.

¿Levantarme?, no creo... no siento nada de nada, seguro esto tarda en reaccionar. ¿Les hablo?, ni siquiera puedo mover la boca o la mandíbula... Tranquilo, Orlando, no te desesperes, esto debe tomar su tiempo... Sí... debo esperar.”


“Un momento, ¡no estoy acostado!, se supone que debería, ¿no?, veo la puerta, ¿estaré sentado? ¿parado?, pero... ¿cómo?, si no siento mi cuerpo, ¡ni puedo voltear a verlo! Calma, calma... en unas horas el doctor me lo explicará todo.
¡Demonios!, ya quiero ver el mundo! ¿Qué año es? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Ya esperé demasiado, por favor ¡vengan ya!”


—No sé, ¿qué te dijo el doctor?
—Pues, estaba satisfecho de ver ciertas señales de reactivación, algunos flujos eléctricos, no es gran cosa todavía. Pero no quiere sacar a la luz esto, ya sabes, la empresa daba garantías de rehacer la vida de sus clientes... y no creo que éste vaya a ser muy feliz que digamos...

—Bueno, hay que reconocer que es todo un logro que sus neuronas generen impulsos eléctricos, pero, de ahí a que reviva, que le peguen otro cuerpo y todo lo demás...

—El doctor cree que algún día se podrá, no se te ocurra contrariarlo con tus comentarios...

—¿Oye..., tú crees que su espíritu nos esté viendo desde el cielo o de donde sea? No estaría muy contento que digamos... ¡Ay ca..., me da nervios sólo pensarlo!.

—Nunca se te quitó lo miedoso. Oye, por cierto, no se te olvide limpiarle la pecera y echarle su comidita, ¿eh?


Los estudiantes se carcajearon por la ocurrencia, y Orlando vio cuando salieron del cuarto.



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