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La pitonisa

Aquella tarde Ana entró en mi casa con una botella de champaña bajo el brazo.

—¿Qué celebramos? —pregunté.

Sin contestarme entró en la cocina y volvió con dos copas recién lavadas en las que escanció la bebida.

—¡Le chain! —brindó, quizás recordando su probable ascendencia judía.

—¿Hay algo que desconozco? —ironicé dando un sorbo al cava— ¿Has intentando suicidarte?, ¿estás embarazada?, ¿te has desenganchado del tabaco?

Pero de pronto pensé que podía estar hablando en serio.

—¿Has tenido un accidente? —inquirí asustada.

—No —sonrió—, no se trata de ninguna de esas cosas. Es una historia horrible, casi patética.

—No será para tanto. ¡Cuéntamela¡

Ana se sentó en la alfombra en su postura de yoga favorita. Encogió
las piernas y mirándome por el rabillo del ojo, dió comienzo a su historia.

—¿Te acuerdas de los Vila? —preguntó.

Retrocedí en mi memoria y los recordé un poco vagamente, porque me temo que cuando los conocí, yo estaba un poco alegre, vamos, que tenía una copa de más. Fue en las Navidades pasadas cuando Ana me arrastró literalmente a una fiesta que daba la pareja, con la excusa de que en ningún momento iba a permitir que me quedara precisamente ese día, que no solamente era fin de año sino también de siglo y decían que de milenio, con la sola compañía de mi perra Trusky.

Los Vila eran una pareja guapa, de alto poder económico, que disfrutaban rodeándose de una fauna variopinta. Presumían de ser un matrimonio moderno, abierto a todas las corrientes y sin trabas sexuales. Muy amigos de Ana, solían salir juntos frecuentemente, pero no se por qué yo sospechaba que la amistad era superior con Rufino, cosa que no era de extrañar pues era el clásico ejemplar de macho que parecía atraer a las mujeres como las moscas a la miel y Ana no era ajena a ese efecto. Creí notarlo cuando detecté un intercambio de gestos íntimos entre ellos cuando pensaban que estaban a salvo de miradas extrañas.

—Bueno —continuó Ana—, pues en esa fiesta estaba Ángela, esa histérica que se hace pasar por marquesa y cobra por echar las cartas. Se instaló en una de las habitaciones y muchos de los invitados pasaron a su consulta.

—¿Tú también? —pregunté.

—No, yo no —contestó—. Sabes que esas cosas me dan un poco de miedo, así que no me molesté en entrar. Además estaba bastante entretenida.

Casi me eché a reír en sus narices, porque por supuesto eso no era verdad. Ana se chifla por cualquier cosa que huela a esoterismo. Es adicta a las cartas, al tarot, a la guija, cree en los ovnis y jura que por la noche se le aparece un extraterrestre. Claro que yo creo que el E.T. de turno tiene nombre y apellido.

—Continúa —le apremié— ¿qué pasó?

—Pues que Blanca sí se acercó a consultarla y regresó con la cara desencajada.

—¿Malas noticias? —pregunté.

Me explicó que la pitonisa le había asegurado que antes de finalizar el año, una intima amiga suya fallecería en un accidente de coche. Y le facilitó los datos de esa persona. Una mujer soltera, rubia, de profesión traductora... ¡Era yo! ¿lo entiendes?, ¡era yo la que iba a morir!

—Lo que no puedo entender es que tu creas esas paparruchadas —interrumpí.

—¡Pues claro que lo creí! Los datos eran exactos y además, ¿qué razón podía tener Blanca para mentirme de esa manera? O por lo menos es lo que yo pensé en ese momento.
—Bueno, ha transcurrido el año y no ha sucedido nada, pero ¿no se te ha ocurrido pedirle explicaciones a Blanca?

Noté un poco de rubor en sus mejillas cuando me contestó avergonzada.

—Por supuesto. Totalmente histérica fui a su casa y le pregunté que motivo tenía para jugarme tan mala pasada. El temor y la incertidumbre me había mantenido un año entero fuera de control y había afectado no solamente a mi sistema nervioso sino también a mi trabajo.

—¡No era cierto lo que te dijo la pitonisa! —grité fuera de mí— ¿Quieres explicarme porqué me has hecho esto?

Blanca me miró fijamente con sus grandes ojos azules totalmente helados.

—Te lo diré —me contestó—. Cuando volví de mi viaje a Londres el año pasado. ¿Quieres decirme que hacía tu ropa interior en mi dormitorio?



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