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El pasón

A mis hijas

Tengo mala memoria y no sé si ya te dije que en Coatza pasé una temporada, en esa época salíamos del bachillerato y uno de mis mejores amigos, ahora es el padrino de mi hija la mayor, tuvo un tío que era de nuestra edad, digo tuvo porque el güey se despidió de la afición antes que nosotros, en paz descanse...

Fíjate que se llamaba Carlos y era re pachecote, yo ya conocía de que pie cojeaba, pero cuando fuimos a Coatza se descaró, total que fuimos al malecón en la noche y ahí estuvimos viendo a los marineros borrachos y a las prostitutas-niñas que se embarcan en las pangas para la fiesta de los que no bajan de los barcos, luego entre las escolleras, fumamos mota, ¡Nómbre! ¡fue un relajo! porque cuando regresamos a la casa, donde nos esperaba toda la familia, no podíamos entrar porque a uno de mis amigos se le cruzaron los cables con la cheve y el churrito, total que vomitaba y cagaba, era un desastre.

Carlos me tuvo mucha confianza y me llevó al faro a "quemarle las patas al diablo" mientras fumábamos, al pie del faro, disfruté el vuelo de las gaviotas y la vista del mar, pero al atardecer llegó un norte y el cruce al otro lado era en lancha, entonces sentí que la maldita lanchita se dilató siglos...

La Canabis es muy apestosa pero dulce, su sabor es delicado y los síntomas se manifiestan sólo en tu cabeza, para mí ha sido una experiencia especial porque en mis archivos lo registré como un "paréntesis", es decir, una pausa existencial.

Quizá se entienda mejor con un ejemplo, yo no creo que la gente que fuma se ponga estúpida, aunque sus procesos mentales son sumamente profundos.

Imagínate en una avenida principal de la ciudad y tú tienes que atravesar la calle; si ya andas fumado, tu decisión física es inmediata, pero tu proceso mental es más rápido, de tal manera que una vez que bajas la banqueta, tu mente te lleva a recordar y vivir cosas, con mucha nitidez y a velocidades vertiginosas, no hay atropello, es como si de pronto pensáramos en las calles de Puebla y qué es lo que te gusta más, como el Callejón de los Sapos.

Aquél cantante con cara de intelectual que canta muy parecido a Silvio Rodríguez y crees que tiene pareja y debe ser una muchacha muy tolerante porque él, se ve que dedica mucho tiempo al estudio de la música y todo eso piensas mientras recuerdas.

Los pepitos con salsa que te habían servido en ese lugar estaban ricos, pero lo más rico eran esos traguitos que le dabas al vaso de vino tinto con hielo, combinado con un refresco de manzana, tan refrescante y que esa bebida te dijo tu primo que se le conoce en algunos bares como becerro, pero bien sabes que es una travesura de tu paladar, porque el vino tinto no debe combinarse, a quien le importa si a ti te sabe delicioso, es a ti a quién le han pasado las canciones de Silvio por encima de su cabeza, por encima de los países.

Te acuerdas que cuando estuviste en la Habana no te diste tiempo de visitarlo en la plaza de la Revolución, porque pensabas muy chauvinistamente que sólo iban los acarreados y después, cuando leíste el periódico en aquel hotel viejo, en la mesa del restaurante, te arrepentiste.

Ahí donde servían rebanadas de jamón, ate y piña de lata como desayuno y que los despreciaste con tu conducta de pequeño burgués y luego te arrepentiste por la codicia que surgía de los ojos del camarero y casi con lástima, a partir de ese momento sólo picabas los almuerzos para hacerte cómplice de la miseria del personal en el hotel.

También recordaste que la TV mostraba una telenovela ridícula donde el galán era agente de la KGB y el villano era de la CIA, y que nunca te detuviste a ver y a oír lo que decían oficialmente sino que tus pasos te llevaron al Gato Negro, en los suburbios, a beber mojitos de hierbabuena.

Ahí casi golpean a tu guía, porque estabas metido hasta los tobillos en la verdad de la Habana, tu Habana, la del Che... te decías y como leíste en el diario que la multitud había abarrotado la plaza porque Silvio y Pablo habían tocado para su pueblo... Su pueblo ¿y el tuyo?

No te habías detenido hasta ese instante, a recordar cómo Ricardo, el vendedor de libros de tu equipo de jóvenes ejecutivos, promotores de servicios culturales, te convidó a tomar una copa, allá en casa de una divorciada, porque así se expresaba, decía que había ingresado al grupo de becas que otorgan las divorciadas.

Fue donde conociste a esa persona de nacionalidad cubana, que en principio pensabas conquistar y llevarte el gato al agua, pero te resultó en resbalón, puesto que tus ideales te condujeron una vez más a ese romanticismo absurdo, la conciencia pequebú, te gritaba Benedetti desde Montevideanos y en vez de meterle la mano por la espalda para abrazar, la metiste para felicitar y la cuestionaste para rematar en tu estúpida decisión de ir a Cuba a luchar, y te cayó como rayo partiéndote la nuca su respuesta de que aquí había más cosas que hacer que en la Habana, dónde incluso personas como ella, estaban internacionalizando la lucha proletaria...

Proletarios, que palabra tan elegante para designar a los pobres que están a tu alrededor, esos que cruzan la calle contigo, los que venden chicles, plumas, grabadoras, revistas, esos que están en la otra acera, ahí en la puerta de un templo pidiendo limosna, los que salen del metro ¿o entran? y tú eres uno más que naufraga en esa corriente de peces pobres y estás cruzando un río de asfalto y ¡ten cuidado que te pueden atropellar!, pasa rápido, no corras y mantén el paso firme, se vayan a dar cuenta de que andas un poquito fumado, y si te atropellaran, la causa sería por pachecote, que vergüenza ¿no? Esa vergüenza que no te acabas de sacudir porque tus pinches formalismos no te dejan luchar por esa gente, por ese mar de proletarios, ¿o sí?

No es acaso la conciencia el primer paso a la revolución y... Ahí estás arribando a tu futuro, subes la banqueta decidido a dar más pasos firmes, mezclado en ese mar de tu gente, a la vuelta de la esquina una prostituta sale del hotel con su pareja, de su brazo cuelga el de un repartidor de refresco, casi estás seguro, buenas noches compañeros, dices sin decir, sonríes sin morbo, con cinismo, sabes que la siguiente esquina está plagada de ladrones, temes y no a la violencia, pasas sonriendo, como si tuvieras pasaporte, es que se puede vivir sin preocuparse de las posesiones...

Caminas sin dar pasos, repasas sin pasar y resulta que dicen que estás pasado.


No el hashis no es lo mismo que la mota ¿cómo crees? Y con esas cosas no se juega, no ya te conté que una vez que atracamos del otro lado del faro, es decir de regreso a casa, me di cuenta que entre mis uñas había madera y sangre o sea que ese viajecito en lancha en medio del temporal me hizo que me agarrara a veinte uñas y luego, pues fue lo del amigo cruzado, ¡qué pena! tuvimos que permanecer en la azotea hasta que se tranquilizó y ese día ni cenamos y todos nos preguntaban y tuvimos que decir que unas cervezas y que al Chavo se le habían subido.

El asunto es que al otro día salimos en la noche y el Charli, que en paz descanse, me dijo que yo le caía a toda madre y que me quería dar un consejo, que él ya había visto morir a muchos de sus cuais y que no quería que a mí me pasara lo mismo, por lo que me recomendó: Cotorrea a mariquita y que ella no te cotorree a ti.

En resumen, quería decirme que no me hiciera vicioso. Y no, ahí quedó, ¡ah! Pero antes un pinche susto, porque al salir, según él, que por su familia, me dio la mota y la guardé en el calcetín, entonces fuimos a caminar y... ¿Qué crees? Nos agarró la policía y luego luego, que identifíquense y que no sé que y como yo era inocente, pues que saco mi credencial de estudiante y todo y ya dijimos que estábamos de vacaciones y que la familia y etc.

Entonces nos esculcaron y luego nos dejaron ir, yo tranquilo hasta que el Charli, después de dos calles me dijo, y al hacerlo casi me abrazaba, dijo ¡qué huevotes! Y yo ¿porqué? Y dijo porque aguantaste como los meros valecos, me cai que tienes un verbo especial y unos huevotes y risa y risa y ahí me acordé, hasta ahí me acordé que yo llevaba en mis calcetines, "el queso" para quemarle las patas y la cola al diablo.



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