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Carta de un amigo

A Gervasio Altuna le quedaban dos meses de vida cuando abrió el buzón y cogió la carta. Era la quinta que recibía desde que don Samuel, el médico, le había dado la fatal noticia. Matilde, su compañera, murió en paz y tranquila mientras dormía. Unas semanas después, él comenzó a sentirse mal y acudió a una revisión que brutalmente le informó de su próximo final. Gervasio cerró el buzón y subió las cuarenta y ocho escaleras que le llevaban a su casa. Su edad echaba en falta el ascensor.

Se quitó el abrigo, encendió la estufa, se preparó un té y se sentó con la carta junto a la mesa de la cocina. Abrió el cajón, sacó un cuchillo y rasgó el sobre. Desplegó el folio escrito a mano y comenzó a leer:

"Hola Gervasio. Esta es la quinta carta. ¿Cómo van hoy esos ánimos? Sí, ya se que se te hace grande esa cocina sin Matilde, pero ya sabes que a ella no le gustaría verte así. Te queda poco y tienes que exprimirlo, hacer lo que nunca te atreviste, viajar donde nunca te dejaron, despreocuparte de planes de jubilación y demás zarandajas, atreverte a hacer realidad los sueños y enfrentarte sin miedo a las pesadillas. La vida es corta, y en tu caso más. A nadie tienes que rendir cuentas salvo a ti mismo. Pelea por esa felicidad que tantas veces te robaron. Ahora puedes mirar sin complejos ni temor todo aquello que te ensombrecía el ánimo. ¿Aún te tiemblan las manos de rabia cuando te viene a la memoria el rostro de aquel cura que te martirizó, de aquel sargento que en el servicio militar te humilló, o de aquel jefe que durante lustros te robó hasta la dentadura postiza? Cuando te quedan dos meses, ¿vas a permanecer en silencio y encorvado?, ¿cuántos puñetazos en la mesa te has resistido a dar? Más allá de la pérdida de Matilde, ¿cuánta responsabilidad tiene tu temor a tantas cosas de que te hayan puesto esa fecha de caducidad tan corta? Gervasio, pelea. Pelea hacia fuera y hacia dentro. Pelear es salud. Un abrazo y hasta la siguiente. Tu amigo Gervasio Altuna."

Gervasio dobló la carta con una sonrisa en su rostro. Se levantó de la silla y fue al salón. Cogió un folio y una vieja pluma, se sentó en su sofá favorito, apoyó el papel en un periódico de tres días atrás y comenzó a escribir:

"Hola Gervasio. Esta es la sexta carta. ¿Qué tal estás hoy…"



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