Cuentos en espanol, Ecuador, Quito
atras a cuentos en espanol  

El intruso

Gertrudis tejía sin alzar los ojos mientras, como lo hacía siempre, le contaba a Micaela los pormenores del sueño de la noche anterior.

Micaela revolvía la caja de fotos sin prestar demasiada atención a la narración; bien sabía que, soñara lo que soñase su hermana, en algún momento aparecería aquella cara pasmada, entre absorta, asombrada y distraída —ella nunca hacía sabido definir exactamente la expresión de aquella cara— encajada en un cuerpo que le podía quedar grande o pequeño, que la miraba fijamente, sin conexión lógica con el sueño en sí mismo.

—Dejá de tejer y vení a mirar la foto de cuarto grado— dijo Micaela, tratando de arrancar a su hermana del recuerdo de aquel sueño repetido y de aquella cara porfiada.

Gertrudis se calló; a Micaela, que nunca soñaba, le causaba desazón aquella evanescente presencia que sólo conocía a través de sus relatos.

—En la tercera fila está Remigio —comentó Micaela sin dejar de mirar la antigua foto escolar.

—Hace poco lo vi; está igualito, con la misma cara de marmota —comentó Gertrudis mientras recogía el ovillo que rodara por el piso.

—Del padre de Remigio no me acuerdo— agregó Gertrudis, luego de meditar un instante, momento en el que, por primera vez, alzó la vista del tejido.

—¡Cómo no te vas a acordar; era el almacenero de Laprida y Mansilla, el que tenía el negocio frente por frente al departamento del pintor loco.

—¿Xul Solar?.

—¡Ese mismo!.

—El padre de Jeremías; y no era loco sino genial —dijo Gertrudis con seguridad.
—Xul Solar no tenía ningún hijo.

—Sí tenía; se llamaba Jeremías; fijate en la foto, me parece que está en la punta de abajo, en el extremo de la fila, a la derecha.

—¡Sabés que del de la punta de la derecha no me acuerdo! —comentó Micaela luego de mirar atentamente.

—Fijate bien, es uno alto, despeinado; tiene el moño torcido.

—Te está fallando la memoria, tan buena que la tenías; el alto y despeinado es Jeremías pero ni era hijo de Xul Solar ni está en la punta de la foto. Te repito que del de la punta no me acuerdo y si querés que te diga la verdad creo que nunca lo vi —dijo Micaela luego de una prolongada observación.

—Te digo que Jeremías es el de la punta, en la fila de abajo; tiene el moño torcido y cara inteligente— insistió Gertrudis mientras destejía una hilera de puntos del pull-over.

—Y yo que no, ése es el anteúltimo; el de la punta, es bizco, tiene las medias caídas, parece distraído y no tiene guardapolvo; ¡ni se cómo lo dejaron salir en la foto sin guardapolvo!.

—¿Pero qué foto estás mirando?. Nadie podía estar sin guardapolvo; sin guardapolvo no te dejaban entrar a la Escuela, menos salir en la foto recordatoria. Mirá que esa foto me la sé de memoria. Fijate bien, Jeremías está en la punta, justo debajo de Paco Saldueña, el que me escribía poesías—circunstanció Gertrudis ácremente.

—Sí, el que está debajo de Paco es Jeramías, pero no es el de la punta y ninguno de los dos era hijo de Xul Solar.

—¡Vos estás loca!.

—¡En todo caso la que estará loca será la foto!; ¿por qué en lugar de discutir pavadas no venís a mirarla!— respondió Micaela sin cuidar los modales.

—Ya te dije, me la sé de memoria. Te puedo nombrar, sin verla, uno por uno, de arriba, a la izquierda a abajo a la derecha; a todos, hasta llegar a Jeremías.

—De acuerdo, hasta Jeremías, pero al lado de Jeremías está el bizquito de las medias caídas, que está en la punta, sin guardapolvo; haceme el favor, dejá de tejer y vení a mirar la foto— concluyó Micaela que quería terminar una discusión que empezaba a ponerse áspera.

Gertrudis se levantó de la mecedora, dejó el tejido con un gesto hostil y se acercó a la mesa.

—¡Mirá!— le dijo Micaela desafiante, acercándole la desvaída foto.

Gertrudis la tomó; sus ojos fueron directamente al chico sin guardapolvo, ubicado a la derecha, abajo de la foto; a esa cara absorta, pasmada o asombrada que, también allí, la miraba fijamente.



  Carros en Ecuador
  Bienes Raices en Ecuador
  Hare Krishna