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La entrega

- Gracias -le dijo su amigo, al despedirse de Sergio.

- De nada… ya sabes- respondió con amabilidad.

Siempre le llamaba la atención la manera en que su amigo le agradecía los múltiples favores que le hacía. En más de una ocasión le había dicho que, si fuera posible, él mismo haría las entregas, pero como no era así, tenía que depender de Sergio para realizar dicha labor.

Ya eran tres los meses que habían pasado desde que se había convertido en una especie de mensajero, y eso en realidad no le molestaba. Siempre era interesante entregar esas pequeñas cajas, sin ningún dato visible, a excepción del destinatario.

- De parte del Ingeniero Sandoval -le dijo a la recepcionista que lo atendió.

- Muy bien -dijo ella sonriendo -. Yo se lo haré llegar a mi jefe.

Sergio pensó que era una mujer extremadamente atractiva, a pesar de ser mayor que él por aproximadamente quince años.

Salió del edificio y una vez en su carro se preguntó porqué su amigo siempre mostraba tanta insistencia en que no dejara pasar más de doce horas en entregar cada paquete.

Reflexionó esto, ya que los horarios de recepción de esta última oficina eran muy amplios, lo cual le daría un buen margen para la entrega.

Aún así, no quería volver a enfrentarse al mal humor del Ingeniero, ya que en la primera ocasión le confesó que había entregado el paquete cinco minutos después de que se cumpliera el período determinado por él, y su reacción le hizo pensar a Sergio, por un momento, que su amigo era una especie de psicótico o algo así.

Encendió el carro y avanzó por la calle, que se encontraba demasiado transitada por ser el medio día. Pensó que en esos momentos su amigo se encontraría en su hora de comida, en la maquiladora donde laboraba como inspector ambiental.

Sonrió para sí mismo, pues era consciente de que su amigo odiaba las comidas que les servían en dicha empresa, ya que decía que eran una manera de matar lentamente a todos los empleados, haciéndoles perder la voluntad y las ganas de vivir.

Sintonizó una canción mediocre en su estéreo, pero le aburrió casi inmediatamente, por lo que cambió a otra estación que transmitía un noticiero local.

- Con este ya suman seis los atentados realizados en contra de las oficinas administrativas de diversas empresas de la localidad… -dijo el locutor, con cierta serenidad propia de quien no está involucrado emocionalmente con los hechos.

- ¡Vaya!- dijo Sergio con un poco de admiración -. Después de todo, esta ciudad no es tan aburrida.

- No se ha logrado determinar la causa por la que se han llevado a cabo estos actos, que nuestras autoridades califican como terrorismo -continuó el locutor-. Pero se ha establecido un modus operandi, a través del envenenamiento por vapor, que es liberado cuando se abren ciertos paquetes de entrega.

Esta última frase sacudió emocionalmente a Sergio, de tal manera que frenó repentinamente su carro. Por suerte no venían vehículos detras del suyo. Una vez recuperado, avanzó nuevamente y continuó escuchando con atención.

- En las seis oficinas se han encontrado paquetes pequeños, de una dimensión aproximada a 10"x11"x6", que no muestran ningún dato salvo por el destinatario…

Sergio tragó saliva con dificultad, pues sentía una extraña sensación de déjà vu al estar escuchando aquella información.

-Se previene a la población en general para que tome las precauciones necesarias en cuanto a estos paquetes, cuya naturaleza y funcionamiento real, no ha sido determinado del todo… -el locutor hizo una pequeña pausa y luego continuó-. En Calzada del Rio # 300 se acaba de presentar un nuevo atentado de la misma naturaleza que los antes descritos…

No lo podía creer. Esa era la dirección que Sergio acababa de abandonar hacía unos minutos.

¿Qué era lo que pasaba?

Despues de todo, el Ingeniero sí es un psicotico, pensó.

- Pero es un buen amigo -concluyó en voz alta. Sonrió y cambió una vez más de emisora, pues en realidad no le gustaban los noticieros.

Captó una canción que le agradaba bastante, y eso lo ayudó a recuperar su buen humor. Continuó el camino rumbo a su casa, en donde esperaría al Ingeniero, pues quería que entregara otro paquete para el siguiente día.

De ahora en adelante, esa actividad sería su prioridad, pues por nada del mundo podría esperar a expiraran las doce horas de plazo que su amigo le daba para cada entrega.



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