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Un poco de veneno

Cuando volví, después de una hora, aquella casa estaba en silencio; la tertulia había terminado. La anfitriona, al abrirme, dijo:

- Se acabó la fiesta; todo por un gran susto que nos dio esta muchacha, Paty. De repente le vino un ataque, y cuando ya se repuso los invitados se habían desanimado y se fueron.

En la sala sólo se encontraban: Patricia, a quien se había referido la anfitriona; Enriqueta, inseparable amiga de la chica; y Gustavo, un amigo médico que no ejercía, dedicado a las ventas. Patricia, pálida y decaída, reposaba en el sofá; Gustavo, muy próximo a ella, con voz mesurada la interrogaba; Enriqueta, algo más lejos, sólo los miraba con expresión preocupada. En un momento, por un ademán que hizo, comprendí que Gustavo pedía que lo dejáramos a solas con Patricia. Tomé del brazo a Enriqueta y llevándola afuera le pedí:

- Ven conmigo para que me cuentes lo que sucedió. Ya viste que tuve que salir un rato y por eso no supe lo que pasó con Paty.

- Te acordarás que estabas platicando con ella y se veía bien. - comenzó diciendo Enriqueta - Bueno, pues apenas la dejaste se puso frenética, gritando como loca que se quería morir. Trató de meterse al baño, pero no la dejamos, pensando que ahí buscaría una navaja para cortarse las venas. Luego se cayó convulsionándose. Entonces Gustavo comenzó a atenderla. Me molestó mucho que los invitados se fueran diciendo que Paty hizo su "teatro" para sabotear la fiesta.

Los allegados a Patricia se alarmaron más, porque aparte de que, por otras crisis anteriores, conocían sus arranques y amenazas de largarse o de matarse, unos días antes le habían visto un frasquito, que dijo le había dado un médico, que contenía una sustancia tóxica, pero que en pequeñas dosis era sólo un estimulante del sistema nervioso.

En unos minutos Gustavo salió y llevándome aparte dijo:

- Perdona que te hiciera salir, pero no quería que Patricia se cohibiera para contestar lo que le preguntaba. Hice un somero análisis y puedo asegurar que su caso no entraña ningún peligro; ello no se va a matar. Por muy aparatoso que se haya visto, no se trata más que de un episodio histérico. No obstante, su caso me parece de especial interés. Poco a poco he venido haciendo una especialización en psiquiatría. Ya quiero dedicarme a eso y me gustaría mucho comenzar dando seguimiento al problema de esta chica.

Un poco más tarde, ya avisado del suceso, su novio vino por ella. En compañía de Enriqueta y de Gustavo la llevó a su casa.

Al día siguiente, ya por la tarde, algunos fuimos a ver a Gustavo para que nos informara acerca del estado de Patricia. Visiblemente deprimido, nos contó que estando ella en su casa riñó con sus padres y con su novio. Luego sacó el frasquito aquel y frente a ellos apuró su contenido. En el hospital analizaron los rastros que quedaron, encontrando el tóxico muy diluido. Después, en la habitación de ella, hallaron un envase similar con el veneno concentrado, del que sólo faltaba una pequeña porción de su contenido original. Reconvinimos a Gustavo por su menosprecio al riesgo, a lo cual él respondió:

- No había motivos suficientes para recelar, tratándose de una histérica. Lo que ella se proponía era muy distinto a lo que pasó; por eso diluyó sólo un poco de veneno. Lamentablemente, sin duda ella lo ignoraba, esa pequeña porción de estricnina que sustrajo del envase original era más de tres veces la dosis letal media.

 



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